Antes de enviar una propuesta, una lista de clientes o detalles de un producto, conviene acordar qué podrá hacer la otra parte con esa información. Un acuerdo de confidencialidad, conocido como NDA, ayuda a ordenar ese intercambio. Su utilidad depende de que describa una situación real y pueda cumplirse en el trabajo diario.
No se trata simplemente de poner una leyenda de secreto en cada archivo. El documento debe permitir responder quién entrega información, quién la recibe, para qué se utilizará y qué sucederá cuando ya no sea necesaria.
Define el propósito antes de redactar prohibiciones
Explica la actividad que justifica compartir la información: evaluar una alianza, cotizar un desarrollo o prestar un servicio. Una autorización para valorar un proyecto no equivale necesariamente a permiso para explotar los materiales o contactar a los clientes incluidos en ellos.
Por ejemplo, si compartes costos con un posible proveedor para recibir una cotización, identifica ese objetivo. Así podrás revisar si el contrato distingue entre utilizar los datos para cotizar y reutilizarlos en otros negocios. El ejemplo es ilustrativo; cada intercambio requiere sus propias condiciones.
Describe qué queda protegido y qué se excluye
Puedes delimitar categorías de información y la manera de identificarla. También conviene revisar cómo se tratarán conversaciones, demostraciones y documentos derivados. Una definición tan amplia que nadie pueda aplicarla puede dificultar el cumplimiento y la prueba de lo que se entregó.
Revisa las excepciones, como información pública o que el receptor ya conociera legítimamente, y cómo se acreditarán. Si una autoridad solicita información, el acuerdo debe contemplar el procedimiento aplicable sin pretender impedir el cumplimiento de obligaciones legales.
Aclara quién puede conocerla
Identifica si habrá empleados, asesores o subcontratistas con acceso. Pregunta qué obligaciones asumirán y cómo se limitarán las copias, descargas y permisos. No todas las personas de una organización necesitan recibir el expediente completo.
Evita entregar contraseñas o bases de datos completas cuando una muestra sea suficiente. El artículo 163 de la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial relaciona la protección del secreto industrial con medidas para preservar su confidencialidad y restringir el acceso. Un NDA no reemplaza esas medidas.
Separa confidencialidad de otros derechos
Mantener información reservada no determina por sí mismo quién será dueño de un diseño, un programa o un desarrollo posterior. Si habrá entregables, revisa también autoría, licencias y derechos de uso. Son preguntas distintas que pueden requerir cláusulas adicionales.
Cuando los archivos incluyan datos personales, tampoco basta con obtener una firma de confidencialidad. Es necesario revisar la finalidad del tratamiento, el aviso de privacidad y las obligaciones que correspondan a cada participante.
Planea la salida y conserva evidencia
Revisa cuánto duran las obligaciones, cómo se devolverán o eliminarán copias y qué conservación resulta necesaria por deberes legales. No prometas una eliminación técnica que tus respaldos no permitan cumplir; describe un procedimiento realista y verificable.
Antes de firmar, prepara un inventario breve de lo que compartirás, sus destinatarios y el canal utilizado. Guarda las versiones del acuerdo y las constancias de entrega. Ante una posible divulgación, conserva la evidencia y consulta los pasos adecuados antes de emitir acusaciones o requerimientos.


